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Transición

Cada final no es más que un nuevo comienzo, cada partida encierra una más sutil expansión y cada supuesta perdida encierra la transmutación en el crisol del alquimista...

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Nos encontramos ante el cierre de un ciclo y el comienzo de otro nuevo, el 31 de diciembre representa la culminación de lo que cronológicamente consideramos el año 1.999 de nuestro calendario, y después que las manecillas del reloj crucen las doce de la noche consideramos que se inicia el año 2.000.

Cabe considerar que esta manera de medir el paso del tiempo es tan relativa como la percepción que nos ofrece. Este tema ha sido tratado anteriormente y basta para el tema de hoy recordar que la percepción relativa que tengamos sobre nuestra ubicación en el espacio y el tiempo influyen directamente sobre nuestra consciencia de realidad individual y esta a su vez repercute sobre nuestra consciencia de bienestar.

Para lograr una transición efectiva entre lo que consideramos un ciclo y el siguiente es importante completar el actual de la forma más plena posible para deslastrarnos de cargas que podrían dificultarnos avanzar en nuestros propósitos de año nuevo.

Veamos, para asimilar en su totalidad las experiencias acumuladas durante un ciclo es conveniente hacer una evaluación de nuestros logros durante este; esto se facilita mediante el análisis de nuestra situación actual al compararla con lo que era en el ciclo anterior. Podemos comenzar por establecer áreas en las cuales queramos medir nuestro progreso y evaluar no solo el resultado final sino también los procesos en los que nos vimos involucrados para alcanzarlos, en ellos podríamos encontrar señales que nos sirvan como indicadores de crecimiento en otras áreas.

Por ejemplo, al evaluar nuestro crecimiento económico si consideramos que por alguna razón no hemos alcanzado el nivel de ingresos o de ahorro que nos plantemos inicialmente, o aun si los superamos, luego de considerar todos los factores que influyeron en ello para ubicar las causas y decidir sobre el curso de acción a seguir para corregirlas, o recordar emplearlas, y asegurarnos el éxito en el futuro; evaluar que beneficios nos aportaron las mismas, los cuales podrían verse en la forma de un mayor aprecio por el esfuerzo de quienes colaboraron en el proyecto, una mejor valorización de los recursos con que contamos, un reconocimiento de nuestra capacidad para obrar correctamente, un aumento de nuestro nivel de consciencia de la plenitud de nuestro ser, etc., y lo mismo podemos hacer con cada una de las otras áreas de nuestra vida.

El ver las situaciones en la forma más amplia posible es factor fundamental para la correcta asimilación de las experiencias vividas y el posterior crecimiento que cosechamos al recoger los frutos de nuestro esfuerzo. Establecer los factores que de alguna manera intervinieron en el proceso requiere de evaluar ambos extremos de la balanza pues si bien es cierto que el progreso se mide principalmente mediante resultados palpables no es menos cierto que el ser humano es completo en si mismo y por lo tanto se encuentra en contacto con una realidad que envuelve y a la vez transciende el plano material donde también puede medirse el progreso aunque no parezca perceptible de primera impresión.

Una herramienta que puede resultarnos de suma utilidad es el vernos en el espejo de nuestra realidad circundante, pues lo que existe en el exterior no es más que un reflejo de lo que existe en nuestro interior y se manifiesta para permitirnos apreciarlo con mayor facilidad. Al reconocer este aspecto de nuestra realidad nos permitimos contactar con recursos que siempre han estado a nuestra disposición pero que hasta ahora habíamos elegido no emplear.

Mediante esta nueva percepción del mundo que nos rodea comenzamos a despertar a una realidad que nos muestra facetas de nosotros mismos que anteriormente desconocíamos y nos coloca en la ventajosa posición de estar en condiciones de evaluar las situaciones de una manera más amplia permitiéndonos reconocer las ventajas y beneficios que todas ellas encierran para nuestro progreso al asumir la cuota de responsabilidad que nos corresponde por contribuir a la manifestación de nuestra realidad colectiva desde el granito de arena que todos aportamos por medio de nuestro comportamiento, pensamientos y las acciones que a diario elegimos ejecutar.

Desde esta perspectiva es sencillo hacer un análisis efectivo de nuestra realidad que nos permita completar los ciclos asimilando las enseñanzas que contienen para nosotros, y de esta manera liberarnos de cualquier factor que nos impida desenvolvernos coherentemente en nuestras vidas.

A partir de ese momento cada persona que se cruza en nuestro camino tiene un mensaje o ejemplo para nosotros (vale también el ejemplo de lo que es preferible evitar), y cada situación se convierte en una experiencia de crecimiento y expansión; desde ese enfoque es sencillo apreciar cuan maravillosa es la vida y cuanto nos consciente el universo al brindarnos justo lo que necesitamos para mejorar y contribuir a elevar el nivel de armonía a nuestro alrededor. Una vez adoptada esta manera de percibir la realidad que nos rodea, cerrar los ciclos es sencillo al reconocer que en el proceso de alcanzar nuestras metas hemos obtenido beneficios que difícilmente pudimos imaginar al planteárnoslas inicialmente, permitiéndonos superar etapas y expandir nuestros horizontes.

Al completar los ciclos conscientemente en armonía y plenitud nos conectamos al torrente de abundancia que perméa el universo brindándonos niveles de satisfacción y bienestar entendibles solo desde la percepción directa de los mismos; y ello permite que la transición entre ciclos ocurra de una manera fluida, en armonía con el medio que nos rodea.

Cada final no es más que un nuevo comienzo, cada partida encierra una más sutil expansión y cada supuesta perdida encierra la transmutación en el crisol del alquimista que es capaz de transformar la materia burda en refulgentes rayos que iluminan nuestras vidas iniciando así un nuevo ciclo de existencia aun con cada respiración.

Feliz Milenio nuevo y éxito en la construcción de un nuevo ciclo lleno de progreso, satisfacción, bienestar, salud, unión, crecimiento, paz, armonía, amor y felicidad para que reine la paz en la tierra y la buena voluntad entre los hombres.

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